Mis errores al preparar la maratón

DOS CINCUENTA Y...


Hace ya unos cuantos abriles me vi preparado para afrontar el reto de bajar de la barrera de las 3 horas en el Maratón de Madrid. Fueron 9 duros meses de entrenamiento y sin embargo descuidé un aspecto básico, mi alimentación.

En realidad sí la cuidé, por mi cuenta, y lo hice mal.

Con la perspectiva de los años veo con rabia que para el mismo nivel de esfuerzo podría haber rascado más aun el crono cuidando algo tan importante como la nutrición. ¿Pagaría por haber hecho 2:50 en vez de 2:56? Sin dudarlo. ¿Qué me hubiera aportado un buen dietista? Respondo repasando lo que hice mal.

  • Comí cantidades ingentes de pasta y arroz blanco. No me aproveché de los beneficios que te aporta el cereal integral, y no hablo solo de trigo: cebada, centeno, avena, trigo sarraceno, bulgur, quinoa (pseudocereal)…

  • Demonicé la grasa. Quería estar más y más fino y prácticamente limite la ingesta de grasa a un chorro de aceite de oliva en la pasta, el arroz, las ensaladas. Entonces no sabía que la reserva de grasa en un fondista es más importante aún que la de glucógeno muscular y hepático. Con el paso de los minutos el glucógeno se agota poco a poco y a partir de los 40’ y el cuerpo empieza paulatinamente a metabolizar las grasas como fuente principal de energía. Desde el minuto 40 al 180 hay un buen rato. Ahora no podría vivir sin aguacates, almendras, nueces, pipas, semillas y crema de cacahuete. Lee este artículo y entenderás de qué hablo.

  • Casi lo más importante, la hidratación. En el día a día, durante y después de cada entreno, la semana antes y durante el maratón. Bebí mucha agua y sin embargo muy poco liquido específico para recuperar tras las series o tiradas largas. Durante la carrera confié mi nivel de sales a bebidas comerciales cargadas de azúcar simple y no valoré tomar algún gel rico en agua.

  • Con un rutinario análisis clínico hubiera podido controlar la enzima creatina quinasa ( CK) y advertir que me estaba sobreentrenando. Me lo diagnosticó el médico cuando asistí a su consulta asustado porque oriné muy oscuro. Tuve que aflojar en pleno periodo de preparación específica.

  • Hubiera hecho un mejor tapering nutricional durante la semana previa a la prueba. Me resulta más lógica la tendencia de no provocar una depleción total de los depósitos de glucógeno en la primera mitad de la semana. Resulta estresante para el organismo un cambio tan radical de forma de comer. No está muy claro el equilibrio beneficios vs. perjuicios de este método.

  • Mi estrategia nutricional, tanto en el desayuno como durante el maratón, hubiera sido distinta. Me hubiera aconsejado desayunar menos, comer algo una hora antes y desde luego, eliminar de mi cabeza la idea de comerme medio Powerbar durante la carrera.

  • Mi alimentación hubiera sido más variada y, como consecuencia, más completa. Menos pollo y atún. Muchas más legumbres, más minerales, más fibra, más vitaminas. Y claro está, menos azúcar.

Espero que te haya servido este artículo. Si quieres estar al día en temas de nutrición y deporte, suscríbete a nuestra Newsletter y te mantendremos informado.

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